Una máquina de pintar dinero Picasso S.A.
Cuando Picasso falleció hace 43 años dejó tras de sí más de 45.000 obras, y un inmenso dolor de cabeza: multitud de herederos y ningún testamento.
El catálogo de su producción artística a su muerte resultó increíble. Legó 1.885 pinturas, 1.228 esculturas, 7.089 dibujos, 30.000 grabados, 3.222 obras en cerámica y 150 libros de apuntes y bocetos. Un inventario al que hay sumar tapices, libros, 4,5 millones de dólares de la época en metálico, 1,3 millones en oro y dos chateaux, entre otras viviendas. Además de una cantidad no determinada en acciones y bonos. Un patrimonio ingente. Tanto es así que para almacenarlo “hubiera hecho falta alquilar el Empire State Building”, contará Claude Picasso, hijo del genio y de Françoise Gilot, tras finalizar el recuento.
Pero como con el malagueño nada es sencillo, la historia se complica más al sumarle los inmensos problemas que generan la autentificación de las obras, la gestión de sus derechos o los acuerdos de reproducción de las imágenes de las piezas. Al fin y al cabo hablamos de una herencia valorada en miles de millones de euros. Muy lejos de los parcos 250 millones de dólares con los que se quiso tasar en 1980.
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