Tina Modotti, la mujer que revolucionó la fotografía
Una exposición itinerante, que visitará varios centros de Fnac a lo largo de este año y el que viene, recupera el trabajo de esta precursora del fotoperiodismo crítico.
Amante de Edward Weston, es una de las autoras de referencia de la fotografía mexicana del siglo XX.
Con motivo de la muestra se ha editado también un libro, Tina Modotti, fotógrafa y revolucionaria, que reúne algunas de sus mejores fotografías.
En la lápida de Tina Modotti, ubicada en el panteón Dolores de la Ciudad de México, puede leerse todavía un verso de Pablo Neruda: "Tina Modotti, hermana, no duermes, no, no duermes; tal vez tu corazón oye crecer la rosa de ayer, la última rosa de ayer, la nueva rosa. Descansa dulcemente hermana".
Mujer impactante y revolucionaria en todos los sentidos, cuando esta fotógrafa y activista política falleció en 1942 sentada en el asiento trasero de un taxi fueron muchos los que intentaron ensombrecer las causas con difamaciones (la autopsia reveló que fue un fallo cardiaco) y el poeta chileno se sintió en la obligación de limpiar su honor. "Los periódicos la llamaban la mujer misteriosa de Moscú. Algunos agregaban: Murió porque sabía demasiado. Impresionado por el furioso dolor de Carlos (su pareja) tomé la decisión. Escribí un poema desafiante contra los que ofendían a nuestra muerta. Lo mandé a todos los periódicos sin esperanza alguna de que lo publicaran. ¡Oh, milagro! Al día siguiente, en vez de las nuevas y fabulosas revelaciones que prometían la víspera, apareció en todas las primeras páginas mi indignado y desgarrador poema".
Mujer impactante y revolucionaria en todos los sentidos, cuando esta fotógrafa y activista política falleció en 1942 sentada en el asiento trasero de un taxi fueron muchos los que intentaron ensombrecer las causas con difamaciones (la autopsia reveló que fue un fallo cardiaco) y el poeta chileno se sintió en la obligación de limpiar su honor. "Los periódicos la llamaban la mujer misteriosa de Moscú. Algunos agregaban: Murió porque sabía demasiado. Impresionado por el furioso dolor de Carlos (su pareja) tomé la decisión. Escribí un poema desafiante contra los que ofendían a nuestra muerta. Lo mandé a todos los periódicos sin esperanza alguna de que lo publicaran. ¡Oh, milagro! Al día siguiente, en vez de las nuevas y fabulosas revelaciones que prometían la víspera, apareció en todas las primeras páginas mi indignado y desgarrador poema".






