Esas pequeñas cosas que fastidian en los aviones
Tiene derecho a permanecer callado, tiene derecho a reclinar su asiento, tiene derecho a quitarse los zapatos. Hasta ahí, todo correcto. Pero unos calcetines con solera, ese niño tan extrovertido o ese maldito respaldo que se desploma sin avisar sobre los meniscos pueden convertir tu vuelo en un calvario o, como poco, poner a prueba tu paciencia y dotes diplomáticas.
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