En busca de la chuleta (de buey) perdida
El buey se acerca a cámara lenta por la colina. Su corpachón, de tonelada y media, se alza dos metros sobre el lodazal. La cornamenta es tan hiperbólica que en ella podría secarse la colada de una familia. «Ten cuidado: si te da una tarascada, te arranca la cabeza», alerta José Gordón, padre adoptivo del animal.
Extiendo mi mano temblorosa hacia el morro del bicho. La olisquea minuciosamente. Titubea un instante. Luego le da un lametazo con una lengua digna de un tiranosaurio. «¿Entiendes por qué se llama Mimoso?», se enorgullece Gordón.
Una hora después, el chef se ata el mandil en la cocina de su restaurante. Presume de la chuleta de 1,8 kilos que reposa sobre el mostrador: palpa su carne rubí, señala la grasa infiltrada que demuestra su noble origen, acaricia un hueso que complacería al mismísimo Obélix...
Para leer el resto del articulo y ver el video, seguir este enlace. http://www.elmundo.es/cultura/2014/07/19/53c96a7de2704e733d8b4571.html
- Añadir nuevo comentario






