El auténtico gastroporno
Advertencia: esta entrada incluye imágenes que pueden resultar ofensivas para algunas personas. Ninguna fruta o verdura ha sido maltratada en la elaboración del artículo. Puede contener gluten y pelillos de kiwi.
#FoodPorn: etiqueta que, si perdéis tanto el tiempo en las redes sociales como yo, habréis visto cienes y cienes de veces pegada a fotos lujuriosas de comida, de esas que dan más hambre que un año sin croquetas. ¿Pero son realmente "porn" las imágenes de hamburguesas jugosas, ensaladas multicolores, salsas chorreantes y postres con el índice de nata y sirope en la estratosfera? Stricto sensu, yo diría que no.
El porno es algo bien distinto, mucho más crudo y menos apto para espíritus sensibles y rositas de pitiminí. Está lleno de penetraciones, eyaculaciones, masturbaciones, felaciones y cualquier cosa que se te ocurra acabada en -ciones, inexistentes en el mundo con filtro Valencia de Instagram o en el cuquiplaneta Pinterest. Por eso quizá deberíamos ser más cuidadosos al hablar de food porn o de lo que podría ser su traducción al castellano, gastroporno, y utilizar el término en los casos en que se exhiban de forma explícita auténticas relaciones sexuales entre alimentos. O cuando los astros del cine pornográfico se acerquen a la cocina. Aquí tenéis unos cuantos ejemplos de ambas situaciones, que llenarán vuestro cuerpo de lujuria y os empujarán a tirarle los tejos a la primera zanahoria que se os cruce por el camino.
Para leer el resto del blog de Mikel López Iturriaga y ver los videos, seguir este enlace. http://blogs.elpais.com/el-comidista/2014/04/el-autentico-gastro-porno-food-porn.html
- Añadir nuevo comentario






